Causa furor la lucha libre gay en Chihuahua

doñatenchaUno de los ídolos del pancracio local y defensor del orgullo gay, protagonista de la lucha estelar de la noche del sábado en la Arena Coliseo, Doña Tencha, se “destapó” al final de la función, es decir, se quitó la máscara, revelando tras ella la identidad de Carlos Eduardo Mendoza, chihuahuense de 19 años.

De esta manera, el joven luchador cumplió como los caballeros de palabra y pagó la apuesta apenas culminando la lucha estelar de esa noche ante “El Verdugo”, que resultó un verdadero ídem de las aspiraciones de su rival, culminando así una semana que estuvo caliente por las declaraciones que se habían lanzado ambos, previo a la emocionante contienda de “máscara contra cabellera”.

“La gente como tú me da asco, tú no estás a la altura de un verdadero hombre como yo”, había citado “El Verdugo” en los días anteriores al combate, aunque más instalado en su papel de rudo, pues antes de que “doña Tencha” dejara de serlo al mostrar su rostro en público, corrigió sus declaraciones, reconociendo el pundonor y la calidad de su némesis en el ring.

“Yo estoy aquí para defender el orgullo gay, no me importa tener que ganar tu respeto a la fuerza”, le habría replicado su antagonista, si bien también era más para ponerle sabor al caldo, como también lo demostró al devolver la amabilidad del reconocimiento del villano del ring.

Aunque sean cuales fueren las reales intenciones de las frases dichas entre los contendientes, lograron cumplir su objetivo en las gradas de la Arena, toda vez que a la hora de la pelea el ambiente estaba plenamente polarizado entre uno y otro bando. Era como una estampa, en vivo y a todo color, de la famosa canción de la Sonora Santanera.

Y es que si bien la arena no estuvo por mucho “de bote en bote”, la gente sí se puso loca de la emoción… y aunque en el ring no lucharon ni “El Santo”, ni “El Cavernario”, ni “Blue Demon” y, mucho menos, “El Bulldog”, por el ambiente se sentía que se enfrentaban verdaderos ídolos de la afición… chihuahuense, por lo menos.

Familias completas, adultos mayores, grupos de jóvenes y algunas parejas, todos apoyando a su combatiente favorito. Y aunque las muestras de apoyo son más visibles para la representación técnica, se vio ondear una bandera multicolor y pancartas que decían expresamente “Doña Tencha”, son más audibles los alientos a “El Verdugo”: “pártele su ma… a ese pin… mari…”, le ordenó una dama de una de las primeras filas, quien seguramente confundió las reglas de la lucha libre y se sintió “sin límite de improperios”.

Sí, leyó usted bien estimado lector: una dama. Y es que en este ambiente son válidas las madres… los padres, los abuelos, las hijas adolescentes, algunas ya cargando a algún bebé, las cuñadas y los cuñados. El chiste es estar unidos ante el conjuro de la batalla que se desarrolla en el cuadrilátero a pocos metros de ellos.

Hasta los vendedores de refrescos o semillas, e incluso los reporteros asignados a la fuente parecen disfrutar, todos juntos, del espectáculo. Se convierten en una especie de clan o gran familia, pero dividido, faltaba más, por sendos lazos: el del rudo y el del técnico. O si se quiere ver de una manera más radical, el machismo exacerbado contra el orgullo gay. ¡Qué programa!

Los ánimos se encendieron al tope, y ya se puede olvidar uno de aquella serenidad que, afuera del coso, se respiraba en la capital chihuahuense. La temperatura en el inmueble parecía elevarse, no obstante que estaba climatizada, señales claras de que el espectáculo “había prendido”.

Atención con este último término, pues junto con el futbol, la lucha libre hace tiempo que dejó de ser un mero deporte para pasar a otro nivel, que lo hace junto con el balompié, uno de los favoritos de la afición nacional. Tristemente considerarán algunos, por encima, pero muy por encima, de la charrería.

Si no, baste oír los auténticos alaridos que están lejos de escucharse en un lienzo charro y que opacarían a los que se escucharían en el mítico estadio de Maracaná en el caso de que dentro de un año, aproximadamente, se repita en el Mundial la final de la Copa de las Confederaciones, y españoles y brasileños diriman entonces quién es el mejor del planeta en el deporte de las patadas.

Mas ahora nos ocupa el de los costalazos, y vaya que no faltan sobre el ring, aderezados por algún espontáneo grito de alguien que toma partido. “Ándale, pin… Verdugo hijo de la… para que aprendas a respetar a los que son distintos a ti”, le gritó otra señorita desde las gradas.

Y es precisamente ahí, donde se desarrolla otra especie de lucha, quizá más encarnizada y sin cuartel que la que se lleva a cabo abajo, aunque sin llegar, afortunadamente, a las agresiones físicas. Todo es una mezcla de ingenio, mucho pulmón y una dosis extra, a veces, del más oscuro de los humores: “Cuidado con los put…zos, Verdugo, y también con los golpes”, grita un chavo, al parecer en clara alusión a Doña Tencha y su “second”, “Chabela la Atrevida”.

Como es de esperarse, la broma es tanto festejada como repudiada por los seguidores de uno y otro bando. Realmente se podría hablar de una proporción de 50 por ciento entre ambas aficiones. Si hubiese sido box en vez de lucha libre, la pelea habría quedado empatada por las aficiones, o cuando menos, en decisión muy dividida.

Entre tanto, se parten la crisma allá abajo, la gritería sigue. “Aquí vienes a transformarte, a gritar, a aplaudir y a emocionarte; sales bien relajadito y listo para arrancar la semana” comenta el señor Horacio Cervantes, aficionado al deporte de los costalazos desde hace más de cuarenta años.

Y a las primeras de cambio, él mismo comprueba su tesis, pues de calmado que se veía, se convierte en una cabeza más del monstruo que exige entrega y acción en el cuadrilátero, a cambio de aliento, vítores y porras en la gradería, como si en realidad escucharan el escándalo que se arma a su alrededor, los gladiadores siguen peleando, hasta que uno de los dos gana la segunda de las tres caías pactadas.

De nuevo, la tribuna se divide en dos partes, casi de la misma proporción. Están los que celebran el triunfo de “El Verdugo”, quizá más que él que salvó su cabellera, y los que lamentan la derrota de “Doña Tencha”, tal vez por la metáfora que veían implícita en el combate.

Afortunadamente los ánimos no se caldean gracias a la oportuna intervención de los protagonistas de la lucha, con sendas declaraciones de reconocimiento hacia su rival, dejan en claro que todo lo que pasó se debe de quedar en el ring, y que ya habrá oportunidad para que Carlos Eduardo tenga su revancha.

Por ese sábado fue todo, luego de que el perdedor revelara su identidad, el inmueble fue desalojado con la más absoluta de las calmas, como si nada hubiera pasado. Los enardecidos fans de hace unos momentos recobran la serenidad y salen a sus respectivos carros o a la parada del camión.

Después de todo, la tarde se convirtió en noche y hay que volver a casa. Algunos salen hambrientos y no dejan pasar la oportunidad de comer algo en los puestos de comida cercanos; otros no quieren irse sin llevarse a casa algún recuerdo, así que compran una máscara o una playera.

La mayoría camina con la satisfacción en el rostro, como una máscara sempiterna, todos contentos por el espectáculo que presenciaron; aunque no se conozcan cruzan miradas y sonríen; han sido cómplices de una fuga de sus realidades.

Hoy lunes regresarán a la cotidianidad de sus vidas, tendrán que afrontar sus problemas y sobrevivir en la rutina de sus respectivas responsabilidades, pero lo harán sabiendo que al final de la semana, el próximo sábado, tendrán otra válvula de escape y volverán a impregnarse de luz, color y esa magia que sólo puede ofrecer la lucha libre, y peleas como la que protagonizaron “El Verdugo” y “Doña Tencha”.

@OEM

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