El hombre que adelgazó comiendo tres meses en McDonald’s

6a00d8341bfb1653ef01a3fbd4d4ed970b-550wi¿Qué ocurre si pasas tres meses comiendo sólo en McDonald’s? Supongo que la mayoría de los mortales contestaríamos lo mismo a esta pregunta: que engordas. Sin embargo, un profesor de ciencias de un instituto de Iowa (EEUU) ha dado con una respuesta bien diferente. John Cisca se sometió al calvario de alimentarse durante 90 días exclusivamente con productos de la cadena de comida rápida. Adelgazó casi 17 kilos, y no sólo eso: su nivel de colesterol malo bajó de 173 a 113.

Antes de corras a exterminar tus lorzas navideñas atiborrándote a McGuarreridas, aclaro que este buen señor llevó a cabo su experimento limitando su ingesta de calorías a 2.000 diarias, y además abandonó su estatus de morsa sedentaria de 127 kilos caminando 45 minutos cada jornada. Vamos, que no es que la Virgen de Iowa haya obrado el milagro de convertir en adelgazantes las hamburguesas con patatas fritas, sino que Cisca redujo sus ingresos calóricos y aumentó los gastos. Ahora bien, insiste en que comió de todo. Se calzaba sin problemas Big Macs, cuartos de libra con queso, batidos y helados, combinándolos con platos más ligeros como ensaladas a la hora de comer o bocadillos de claras de huevo y avena con frutas y leche desnatada para desayunar.

Lo que pretendía este profesor de 54 años con su experimento, recogido en un documental, era demostrar a sus alumnos que para mantener una dieta sana lo importante es elegir bien qué comes y en qué cantidades, no tanto el sitio en el que lo haces. Hasta en un presunto templo de la comida desequilibrada como McDonald’s puedes mantener la línea, vendría a ser su mensaje. “Todos tenemos opciones, y son nuestras decisiones las que nos convierten en gordos, no McDonald’s”.

Cisca asegura que la multinacional no ha intervenido en absoluto en su aventura, pero reconoce que convenció a los responsables de una franquicia local de la cadena para que le proporcionaran la comida gratis. La directora de Nutrición de McDonald’s en Estados Unidos, Cindy Goody, no ha ocultado su simpatía hacia el experimento, que de forma intencionada o no refuerza el mensaje que quieren transmitir las compañías de comida rápida o de refrescos en los últimos años: nosotros te damos alternativas ligeras, y si engordas no es por nuestra culpa, sino porque tus elecciones o tus hábitos no son saludables.

El documental viene a ser una especie de anti SuperSize Me (2004), película en la que vimos cómo su autor, el cineasta Morgan Spurlock, engordaba 11 kilos en un mes y sufría daños en el hígado tras comer un mes en McDonald’s. También podría servir para contrarrestar la proverbial mala prensa de la cadena, cuya imagen está irremediablemente asociada a la comida basura. Sin embargo, su fuerza como argumento pro McDonald’s es limitada. Sí constata el evidente esfuerzo que está haciendo la empresa por ofrecer alimentos menos engordantes y con menos colesterol, pero no dice nada sobre otros posibles efectos perniciosos en la salud de una McDieta ni la exculpa de algunas de las principales críticas que recibe: la de promover el consumo de productos hipercalóricos y raciones grandes en plena epidemida de obesidad o la de hacer márketing y publicidad agresivos enfocados a un público sin facultades para tomar decisiones saludables, como los niños.

“Confeccionar un menú bajo en calorías en un establecimiento como McDonalds es posible, pero no es ni probable ni lo que las circunstancias invitan a hacer”, afirma el biólogo y dietista Juan Revenga, autor del más que recomendable blog El Nutricionista de la General. “El total de la oferta de estos establecimientos invitan al desmadre calórico. ¿Qué te preocupas de modo casi enfermizo durante tres meses siguiendo un menú con un valor calórico contenido? Pues podría ser cierto que adelgazaras, y este señor pone su experiencia como ejemplo. Pero comía siempre lo mismo, todos los santos días, porque en esta cadena de hamburgueserías no había (ni hay) demasiadas oportunidades para, manteniendo constantes las variables de calorías, principios inmediatos, colesterol y demás, hacer un menú trimestral más variado”.

Por este motivo, Revenga duda de que el profesor llevara una dieta realmente equilibrada. “Me resulta difícil de creer que alcanzara las recomendaciones de ingesta para, por ejemplo, los ácidos grasos omega tres o la del calcio. Una de las consecuencias más nefastas que podría tener este tipo de experimentos unipersonales en la opinión popular es el que esta asocie que por haber perdido peso el sistema dietético es saludable. No todos los planteamientos dietéticos con los que se pierde peso son saludables. Para mí, estas grandes franquicias de comida rápida no son el entorno ideal al que acudir para cuidar la alimentación de nadie”.

En cualquier caso, éste no es el primer caso de lo que podríamos llamar “dieta de la comida rápida”. El primer precedente –y seguramente el más popular– es el de Jared Fogle, un hombre que perdió 113 kilos comiendo bocadillos de Subway. Cambió una dieta a base de cantidades ingentes de comida basura, que consumía encerrado en su habitación, por dos bocadillos (uno vegetariano grande y uno pequeño de pavo) al día, y empezó a salir a caminar de vez en cuando. El milagro se produjo en un año. La compañíale adoptó como representante para intentar crear una imagen de cadena-de-comida-rápida-pero-sana. Su presencia en los medios se minimizó en 2008, cuando en plena crisis económica las cabezas pensantes de Subway decidieron que era más importante que su publicidad se centrara en lo barata que era su comida que en otras cosas.

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El mismo McDonald’s ya tuvo su propio fenómeno en 2008, con un señor de Richmond llamado Chris Coleson que perdió 40 kilos siguiendo una McDieta. La misma empresa le quitó importancia al tema, no sabemos si por ponerle cordura al tema y ser conscientes de que relacionarse con comida adelgazante les iba a acabar explotando en la cara o para evitar tener que asumir al señor en cuestión como imagen de marca.

Sea por la proyección mediática que ha tenido su experiencia o por los kilos que ha perdido, el profesor John Cisca ha anunciado que mantendrá su régimen durante tres meses más. La pregunta que queda por hacernos es si sería posible seguir una dieta de estas características un McDonald’s español. Ni los McMuffins de clara de huevo, ni el Fruit & Maple Oatmeal, ni la leche desnatada forman parte de la oferta de la cadena en nuestro país. Las calorías de una ensalada que pueda contar como plato principal y su aderezo están entre las 359 de la ensalada césar con pollo crujiente y las 755 de una Manhattan aliñada con aceite y vinagre y acompañada de croutones al ajo y finas hierbas. Unas patatas fritas medianas y un Big Mac no sólo aportan 850 calorías, sino que contienen el 70% de la cantidad diaria recomendada de sal y el 64% de grasas de la dieta de un hombre adulto. Eso sí, podrías inflarte de Happy Zanahorias (60 calorías), Happy Cherritos (15) o bolsas de manzana (50), hasta que el aburrimiento y la tristeza te llevaran a la tumba.

@el_pais

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