Grindr y Bender, discriminación en redes sociales de contactos

Muchas personas en todo el mundo utilizan las aplicaciones de contactos para gays, siendo las más conocidas Grindr y Bender. Estas aplicaciones fueron creadas con el fin de conocerse unos a otros, pero como la gran mayoría de genialidades, el ser humano se encarga de corromperlas hasta límites insospechados. Estas apps, en vez de alcanzar todo su potencial de conocimiento, intercambio de ideas, visibilidad y más cualidades que podamos imaginar, se ha convertido en el lugar de la discriminación y de los cuerpos heteronormativos, irónicamente.

En miles y miles de perfiles podemos encontrar cuerpos semidesnudos y musculados (“cuerpos de gimnasio”), y bajo el nombre de “preferencias sexuales”, encontramos la discriminación. Por ejemplo, en España, personalmente, me he encontrado perfiles que restringen la búsqueda a edades exactas, “no gordos”, “no afeminados”, no… En vez de hablar, conocernos, buscar todo el potencial de estas aplicaciones como personas, vamos directos a la búsqueda del sexo por el sexo, sin motivo, “porque como va a acabar así…”. En absoluto, no puedo estar más en desacuerdo.

Este tipo de hombre, que está en su derecho de escribir su perfil, pero que tiene el ego tan grande que dice quién, cuándo, y de qué manera serán “servidos” sexualmente, parece que aumenta, tristemente. Muchos de ellos escriben directamente que “si no te responden, no insistas, porque no les interesas”. Ahora tenemos que saber por ciencia infusa a quién le interesamos según lo que tarde en responder. ¿Cuándo dejamos de ser sensibles a los demás, para pasar a ser máquinas robotizadas que únicamente buscan el sexo fácil como quien elige un menú en McDonald’s?

Con la cantidad de cosas que podríamos poner, hablando de nosotros, y gastamos el tiempo (y la memoria del teléfono) en excluir a todas esas personas que no queremos. Usamos filtros para excluir, y siempre excluyendo, y al final, quiero creer que estas personas acabarán solas, porque su ego impide que los demás tengan nada más que sexo con ellos. Para alguien como yo, que me reconozco tímido, que alguien me pueda discriminar abiertamente por “tener unos kilos de más” o por ser de tal o cual manera, podría resultar un trauma que acabe transformándose en una endodiscriminación hacia mi mismo. Y todo por la heteronormatividad, porque la sociedad te exige ser así, porque la sociedad discrimina a quien no cumple la norma, porque la diversidad se ha normativizado de nuevo.

Hoy en día predomina el sexo rápido, el sexo sin sentimiento, el aquí te pillo y aquí te mato, en una hora de cama y después te vas de mi casa. No lo critico, a quien le guste, adelante, pero yo personalmente no tendría sexo con alguien si ni siquiera sé su nombre. Antes se tomaban cañas, antes se comía o se cenaba en un restaurante, antes se hablaba y se ligaba sin tener que estar pendientes del sexo las 24h del día. Antes eramos personas con sentimientos. Antes, no estábamos normativizados. Bienvenidos a la era del móvil. Bienvenidos al siglo XXI.

@cascara_amarga

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