La perturbadora historia del cazador sexual de Grindr

seancrumplerCuando Sean Travis Crumpler salía en busca de compañeros sexuales, prefería referirse a ellos como presas, sin embargo, su historia incorpora un matiz incómodo: un juego psicológico que difumina los límites entre el consentimiento y la explotación.

De puertas afuera, Crumpler llevaba una existencia aparentemente normal como especialista en tecnología en Aurora, Colorado. Su casa, situada en el número 23000 de East Hinsdale Place, evoca el ideal de una vida suburbial ordenada y tranquila. Hasta hace una semana, ninguno de sus vecinos podía imaginar lo que pasaba detrás de aquella idílica fachada.

Crumpler acaba de ser detenido bajo doce cargos de tráfico sexual, abuso sexual infantil, coerción sexual e incitación a la delincuencia de un menor de edad. Y todos sus delitos se circunscriben a lo que pasaba de manera rutinaria en esa vivienda alquilada de Aurora.

Crumpler, como tantos otros, le estaba sacando partido a las apps para ligar. En Grindr había encontrado una discreta puerta de acceso al mercado de la carne joven. La particularidad de su actuación no reside en el método, sino en las intenciones: lo que buscaba el acusado no era contactos sexuales sin más, sino esclavos. Jóvenes desamparados a los que atraía con las promesas propias de un benefactor… con derecho de pernada.

El procedimiento siempre era el mismo: rastrear con ayuda de la app y de diversas webs de contactos a jóvenes homosexuales huídos de sus casas a los que se aproximaba para ofrecerles un lugar en el que estar. Techo y comida a cambio de sexo. Ese era el trato.

En el momento de la detención, en la casa de Aurora residían una docena de jóvenes de edades comprendidas entre 16 y 21 años. Todos han relatado historias parecidas: hogares rotos, escapadas desesperadas, vida en la calle, y Crumpler como benefactor con beneficios.

Los días se los pasaban viendo Netflix, bebiendo, tomando drogas o jugando a videojuegos —todo se lo facilitaba su anfitrión—. Por las noches había que pagar esa hospitalidad con sexo forzado. Con Crumpler y con quien él decidiera. No estaba permitido decir que no.seancrumple01

Un joven de 21 años que pasó una temporada en la casa ha relatado que Crumpler tenía predilección por los “niños pequeños”. También que el acusado es seropositivo y que aquellos que vivían en la casa se veían obligados a tener sexo con él sin protección.

Uno de los aspectos más inquietantes de la investigación se refiere a la manera que Crumpler tenía de marcar a sus jóvenes tatuándoles su nombre —la palabra Sean— junto a la imagen de un pájaro. El motivo del ave, según las investigaciones, recuerda al grabado en piedra de un pájaro situado a la entrada del vecindario en el que residía el acusado con sus víctimas.

Según un joven de 23 años que mantuvo una relación con uno de los jóvenes residentes en la casa, el tatuaje era obligatorio y debía servir “para mantener alejados a otros ‘sugar daddies cuando los chicos salían de fiesta o iban al club“.

Nadie en la casa vivía retenido contra su voluntad, y las investigaciones han encontrado hojas con repartos de tareas que dan a entender que todos participaban en una vida doméstica más o menos normalizada. Pero una cosa es el sexo consentido entre personas en igualdad de poder, y otra el sexo de supervivencia.

Con Información de @PlayGrounder

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