Samsung Galaxy Note Edge

En primer lugar, el material de la tapa trasera, que si bien ha mejorado, sigue pareciendo un plástico económico frente a acabados antiguos de la propia Samsung, como los encontrados en el Samsung Wave o en el Galaxy R. En cuanto al altavoz, también tengo ciertas quejas. Creo que la potencia es suficiente para lo que necesito de un teléfono, pero su posición vuelve a no ser la más adecuada, y le faltan graves para dar un sonido más fiel. Tampoco creo que haya sido una buena idea mover el botón de encendido a la parte superior. Entiendo que en el borde no se podía integrar, y que el botón home permite encender desde la parte inferior, pero, cuando queramos apagar el Galaxy Note Edge, nos costará muchísimo alcanzar la parte superior con una mano (ya costaba con terminales más cortos, como el HTC One). Lo ideal, en mi opinión, hubiera sido implementar doble pulsación para encender y, sobre todo, para apagar, al estilo de LG.

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La pantalla es muy buena, como la del Galaxy Note 4. Eso sí, como todas las AMOLEDs recientes, tienen unos blancos un tanto cálidos y altera los colores para verse bien al sol, frente a las IPS que se ven a la perfección al brillo máximo, manteniendo la fidelidad. Hay que añadir un detalle negativo muy curioso. Las dos unidades de Samsung Galaxy Note Edge blanco que he podido probar presentaban fugas de luz, no en el panel, sino alrededor de la pantalla, como consecuencia, probablemente, de mala fabricación. En cuanto a la polémica sobre la resolución 2K en teléfonos, pienso que a diferencia de otros modelos con pantallas IPS, aquí sí se justifica, ya que la matriz PenTile de esta pantalla hace que la densidad real de este panel sea de entre 350 ppi y 370, frente a los 273 (por debajo de los 300 recomendados) del Galaxy Note 3 o los 306 del Galaxy S5. Así, la nitidez está por fin a la altura de lo que encontramos en IPSLa batería es un punto flaco respecto al Galaxy Note 4, ya que, perdiendo sólo 0.1″, la batería se reduce en 220 mAh. Así, los resultados obtenidos no son nada brillantes para un teléfono de su categoría en 2014, siendo algo inconsistentes y quedándose de media en las 5 horas de pantalla sin ser muy exigentes, superados desde el Galaxy Note 2. No es una pega, pero esperaba más.

La cámara también es otro punto destacado (misma que en el Note 4, sensor Sony IMX240 con estabilizador óptico), y, en mi opinión, es la mejor que podemos encontrar en Android en la actualidad. Samsung tiene el software de cámara que, junto a su procesador de imagen (ISP), mejor resultado consigue en cuanto a procesado en Android y es algo que vemos en cada foto que tomamos. De día consigue mucha viveza, detalle y buen rango dinámico, y por la noche, aunque flojea, podemos mejorar las tomas con el modo manual.

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Software

El software del Samsung Galaxy Note Edge, es, a excepción del añadido del borde, el mismo que encontramos en el Note 4. Se plasma en buenas ideas como el uso de la multiventana en distintas disposiciones, así como los añadidos del S-Pen (el aunténtico signo distintivo de la línea Note), que aunque, desde mi punto de vista y experiencia viendo a otros usuarios se utiliza poco, y por puro hobbie, es más preciso que nunca, y a veces tomar alguna nota o dibujar resulta una grata experiencia. Tuve durante unos meses un Galaxy Note original, y poco tiene ya que ver esto con aquello, el S-Pen ahora sí es una herramienta profesional.

Sin embarto, tal y como ocurre con el Galaxy Note 4, la optimización de TouchWiz sigue sin ser el punto fuerte de Samsung. Aunque rinde muy bien con juegos o aplicaciones exigentes de otro tipo, falla en los detalles más cotidianos mostrando frecuentes ralentizaciones al abrir apps o recargar el contenido web ya descargado mientras hacemos scroll en el navegador (tanto en el propio de Samsung como en Chrome) en webs sencillas.

A día de hoy, sigue pareciendo mentira que cualquier Samsung que adquiramos llegue con un botón home que presenta lag, que sólo se arregla si desactivamos el poder lanzar S-Voice desde él con doble pulsación. Como decía arriba, todo esto se agrava cuando tenemos en cuenta que el Galaxy Note Edge tiene un precio oficial de 900€ y un hardware compuesto por un Snapdragon 805 y 3 GB de RAM.

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El borde

Llegamos al punto clave del análisis. El aspecto que te haría comprar o no el Samsung Galaxy Note Edge sobre el espectacular Note 4. Lo resumiré brevemente antes de entrar en profundidad: no sólo es que el borde no aporte casi nada a la experiencia de usuario, es que tras unos días usándolo a fondo desearías que no estuviera ahí, y en el caso de haber desembolsado la diferencia, que te devolvieran el dinero y quedarte con el Note 4.

Lo que primero nos encontramos al hacer uso de la interfaz normal es que, en la zona del borde, se queda una molesta línea negra ocupando la mitad, dejando ese espacio infrautilizado de manera muy poco estética. Entiendo que estirar la interfaz normal hasta ahí sería incómodo y deformaría la imagen, pero la solución es poco elegante.

Samsung vende el borde como un espacio para accesos directos, pero cuando lo usamos, lo que realmente percibimos es que lo verdaderamente “útil” en él es su función de panel alternativo de notificaciones. Teniendo en cuenta las dimensiones del terminal, es cierto que alcanzar la barra de notificaciones puede resultar molesto, por lo que alojar las notificaciones ahí puede ser un acierto, pero igualmente el terminal no es nada ergonómico en la parte trasera del borde (totalmente recto), por lo que el uso con una mano es prácticamente una utopía.

No obstante, si somos usuarios intensivos de aplicaciones de mensajería o recibimos muchas notificaciones, la función de recibir notificaciones en resulta realmente incómoda. Podemos estar escribiendo por ejemplo en WhatsApp con la línea negra a la derecha, pero si llega una notificación de, por ejemplo, Facebook o Telegram, ésta ocupará todo el borde derecho tapando el botón de enviar de WhatsApp, por lo que si en ese momento estábamos a punto de enviar el mensaje, cambiaremos de aplicación sin querer, lo que resulta muy molesto, intrusivo y nos hace querer desactivar dicha función.

Imagina que usando normalmente el móvil vas a pulsar un icono de una app y un milisegundo antes de darle se ponga otro encima, con lo que no irás a donde querías. Muy mal pensado. Como espejo de notificaciones, también encontramos ahí controles de reproducción de apps de música, que sí resultan cómodos por su accesibilidad y cercanía a la mano, y posibilidad de descolgar y colgar llamadas. Durante la llamada muestra la duración así como otras opciones.

En cuanto a lo de accesos directos, viene bien para cambiar entre aplicaciones, pero dado que esa es su principal función y que solemos cambiar entre aplicaciones que tenemos en la opción de multitarea, tampoco es algo que venga a suplir una carencia importante. Si por lo que sea nos gusta ese modo, en Android hay desde hace mucho tiempo aplicaciones que replican esa función, ocultándose en uno de los laterales. Deslizando desde ellos, sacamos un pequeño cajón de aplicaciones vertical, sin necesidad de ocupar un borde de manera permanente.

Pero no sólo es eso, el borde tiene más funciones. Como hemos visto, con la app de cámara abierta, se convierte en la zona donde se sitúan los botones de obturación, lo que no está mal pero tampoco es una gran noticia, pues tiene menos visibilidad en exteriores que la pantalla normal, y podríamos no ver bien qué pulsamos con mucha luz. Samsung también ofrece otros paneles entre los que podemos hacer scroll lateral (es como pasamos de notificaciones a accesos de apps, por ejemplo) como trending topics de Twitter, resultados deportivos o previsión meteorológica, así como otras funciones curiosas como cuanta atrás, cronómetro, una regla o paneles con información de consumo de datos y de RAM disponible.

Más allá de eso, no hay prácticamente ninguna aplicación que soporte lo que Samsung llamó Revolving UX, por lo que el borde sólo transmite redundando o solapación de funciones, ya que aunque Samsung ha eliminado el dock inferior del launcher de TouchWiz, con otros como Nova o Action seguramente repitamos accesos directos.

Otra de las cosas que está ahí, y que tampoco aportan nada, es la posibilidad de poner texto o dibujos en el borde, tanto en la línea negra como en la pantalla de bloqueo. Lo que menos me gusta es que la fuente no se puede modificar, y rompe un poco la estética del propio panel, ya que la fuente es distinta al resto de las que vemos mostradas. Incluso aunque cambiemos la fuente del sistema, no habrá coherencia con el tipo de letra. Aprovechando que el panel es SuperAMOLED y el consumo sobre fondo negro es ínfimo, Samsung nos permite activar un modo de reloj nocturno en el borde, pero sólo durante 12 horas del día, las cuales pueden ser elegidas por el usuario. Sospecho que a diferencia de otros modos similares como el “Glance” de Nokia, lo desactivan por evitar quemados y retenciones.

Otra de las polémicas del lanzamiento del Galaxy Note Edge fue que no hay modelo para zurdos, a lo que Samsung respondió que sí, que el Edge no lo necesita, pues el software viene preparado para ellos. La solución propuesta, de nuevo es poco elegante. El funcionamiento del modo es sencillo, dar la vuelta al móvil y que así gire la interfaz. ¿Qué obtenemos? El altavoz de llamadas abajo (por lo que al llamar tendremos que dar la vuelta al teléfono) y el botón home arriba, con una barra de navegación habilitada en la parte inferior al estilo Nexus para suplir los botones capacitivos. Algo que, como vemos en imagen superior, dista mucho de ser un teléfono acabado que una persona zurda quiera adquirir para usar a todas horas.

Con Información de @Alt1040

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