43% de niños que son maltratados en casa, agreden o son agredidos en la escuela

La violencia intrafamiliar es un factor detonante del bullying. Así lo aseveró la organización Educadores sin Fronteras que presentó un nuevo estudio sobre convivencia escolar. La ONG entrevistó en línea a 6 mil 180 alumnos de primaria y secundaria de ocho estados mexicanos sobre los tipos de violencia que padecían, tanto en la escuela como en casa. El 38% reconocieron ser  castigados por su familia con golpes con algún objeto duro, tales como cinturones o varas. De estos, el 43% son agresores o víctimas de sus pares en la escuela.

El bullying va desde insultos hasta golpes pasando por el acoso cibernético, pero Educadores sin Fronteras hace hincapié en que el niño acosador también es víctima de su propia situación y los roles de agresor y víctima se intercambian frecuentemente. “Muchas veces son personas que reproducen sistemáticamente la violencia en la que aprendieron a relacionarse”, explica Úrsula Zurita, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

“Hay una elevada correspondencia entre el maltrato físico en la casa y en las escuelas, los padres de familia son también actores del acoso escolar porque usan la violencia como una herramienta correctiva. Los niños se preguntan ¿por qué en la casa me pueden insultar, pegar y castigar y en otros espacios no? Hemos legitimado la violencia desde nuestras casas, hay padres que pegan a sus hijos para enseñarles que ellos no deben pegar a otros niños”, explica Silvia Garza,  presidenta de Educadores sin fronteras.

Ante ello, la ONG propone a los padres que eduquen a sus hijos en la empatía, en la consciencia del bien y del mal, y en el control de las emociones. “Hay que concienciar a los padres, no queremos mal para nuestros hijos pero tenemos que entender que así como los límites son una necesidad de los niños, los padres no tienen que confundir la autoridad con el abuso de poder”, agrega Garza.

Además resalta que aunque la atención se volcó en la violencia cara a cara, también “hay violencia institucional y estructural. Los mismos docentes generan, viven y están expuestos a esa violencia por los directores o los padres de familia, es una cuestión multifactorial y no se corrige con acciones punitivas sino con prevención”, subraya Zurita.

La misma encuesta revela que el 85% de los niños creen haber sido maltratados al menos alguna vez en casa, ya sea físicamente, psicológica o por negligencia. El 66% contestaron que sufren este tipo de violencia “a veces” y un 19% “muchas veces”. Aunque la organización distingue entre su percepción y el porcentaje que ya reconoce directamente la violencia física, hace enfásis en ello. “Pueden ser pellizcos o ponerse ropa sucia varias veces, pero algo estamos haciendo mal para que los niños sientan eso”, espeta Garza.

Leyes contra el bullying

En la actualidad cinco estados ya tienen una legislación contra el bullying, y a principios de mes el Senado de la República presentó una iniciativa para crear una Ley General de Prevención y Atención de la Violencia Escolar. La propuesta regularía la convivencia escolar para promover una educación libre de violencia y contempla la implementación de un Programa de Escuela para Padres.

Aunque Zurita alabó que se haya cambiado el concepto violencia por convivencia escolar, ve “riesgos peligrosos” en la creación de una legislación general en la materia. Para Zurita, las leyes estatales actuales se han enfocado a tratar el problema desde la parte punitiva y no en enfocar las diferentes dimensiones del problema.

En 2011 se estableció un sistema de sanciones en el Marco de Escuela Segura dentro de la estrategia nacional de combate a la inseguridad. Estas medidas identifican conductas que merecen sanciones casi como delitos: portar armas, acoso,… Y las sanciones tienen que ver con desde la amonestación verbal o por escrito, la suspensión o la transferencia a otra escuela. Al final ponen en riesgo el derecho a la educación de los niños”, critica Zurita. Por ello aboga por que más que una ley punitiva se creen protocolos para “ofrecer a los profesores herramientas eficaces para detectar y notificar esta violencia. También habría que implicar otras instancias como salud, justicia, policía para poder actuar armónicamente”.

 

“La escuela no es el único espacio de violencia, no hay que satanizarla, el país tiene un problema de violencia, y todos somos parte de ella y también de la solución”, concluye Garza.

 

Los datos del estudio se desprenden de la muestra tomada en Coahuila, Distrito Federal, Durango, Estado de México, Guerrero, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Tlaxcala y Zacatecas, donde empezaron a recoger entrevistas desde enero. De aquí a diciembre pretenden abarcar todos los estados de la República.

@pajaropolitico

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