Conferencia gay en Cuba deja fuera a activistas no oficiales

La cuota de 300 CUC —equivalentes a $300— para asistir a una conferencia regional sobre derechos sexuales que se celebró el mes pasado en el balneario de Varadero, suscitó críticas en la comunidad de homosexuales, lesbianas y transexuales cubanos (LGBT) e hizo visible a un grupo de activistas que lucha por independizarse del estado.

Los 250 delegados que se estima participaron en la VI Conferencia Regional de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales para América Latina y el Caribe (ILGALAC) entre el seis y el 10 de mayo, debieron pagar 300 CUC por la inscripción o comprar un paquete ofrecido por la empresa estatal Havanatur que incluía alojamiento, comidas y transporte, con precios entre los 664 y los 1700 CUC.

ILGALAC es una organización de trayectoria reconocida en la lucha por los derechos de la comunidad LGBT en el continente. Recientemente, ILGA, que es la asociación matriz, fue encargada por la ONU de la redacción de un informe del estado de los derechos de quienes integran esa comunidad en el mundo.

Pero los 300 CUC son una cifra astronómica para los residentes de la isla, donde el salario medio mensual es de 20 CUC ($20). La asistencia al evento se encareció también por los gastos de traslado y alojamiento en Varadero, un sitio eminentemente turístico.

Josefina Valencia, recién electa co-secretaria regional de la organización, reconoce que el precio no era “accesible” para los cubanos, aunque según estimó, alrededor del 40 por ciento de los asistentes a la conferencia eran de la isla, en su mayoría asociados al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), dirigido por Mariela Castro Espín y organizador local del evento.

En la página oficial de Facebook que el Cenesex creó para promocionar la conferencia, algunos activistas se quejaron de los precios “abusivos”. El estudiante Carlos Alejandro Rodríguez Martínez comentaba que “ni uniendo todos mis estipendios de la Universidad con el salario de mis padres puedo pagar la cuota de inscripción, alimentación y hospedaje. A los cubanos —no asociados al Cenesex— les resulta imposible asistir con los costos de la Conferencia…En Varadero prevalecerá, entonces, la voz del Cenesex, a veces en contradicción con parte de la comunidad LGBT de Cuba”.

Beto de Jesús, también recién electo co-secretario regional de ILGALAC en La Habana, explicó que es la organización anfitriona, en este caso el Cenesex, quien decide todo lo relativo a la logística del evento, incluidos el precio de inscripción y el lugar, pues son los anfitriones quienes “corren con los gastos como el transporte. ILGALAC tiene sólo la responsabilidad de que todos los grupos de gays, lesbianas y transexuales estén representados. La organización ofrece becas para que los miembros del continente asistan a la conferencia”.

Pero Valencia afirma que los precios de inscripción son consensuados con el comité organizador de ILGALAC y que el monto de la cuota tuvo que ver también con un análisis de cuestiones financieras de la asociación y el hecho de que la conferencia iba a ser originalmente en Panamá.

Según una nota de prensa de ILGALAC en enero de este año, para anunciar la designación del Cenesex como anfitrión de la conferencia, inicialmente el evento debía trascurrir en Panamá pero por problemas con los organizadores de ese país se decidió otorgar la sede a la institución cubana, que había hecho público su interés por coordinar la conferencia en muchas ocasiones.

Por su parte, el centro, que está adscrito al Ministerio de Salud Pública, declaró que “la celebración en Cuba de un evento de tal relevancia es un reconocimiento al trabajo realizado en la Isla en defensa del derecho a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género”.

Cinco miembros del grupo de Arcoiris—un grupo de activistas LGBTI que se definen como independientes del estado—lograron recaudar fondos para rentar un cuarto en Varadero y asistir a la conferencia. Muchos de quienes asistieron a través del Cenesex se hospedaron en los hoteles del evento, según cuenta el biólogo y bloguero Isbel Díaz.

El grupo obtuvo a última hora la membresía plena de ILGALAC, lo que otorga el derecho al voto en las reuniones. Otro de los asistentes por Arcoiris, el joven periodista Maykel Vivero, escribió sobre ese momento en su blog: “Ningún extranjero imaginó la significación de aquellos votos: establecer alianzas, configurar listas electorales y finalmente ejercer un sufragio efectivo, son experiencias inusitadas en Cuba”.

Desde sectores cercanos al oficialismo, no faltaron los intentos por diluir las críticas a los precios del evento como “intrascendentes” y hechas por personas que quizá “no consiguieron financiamiento desde la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en Cuba”, según señaló en una entrevista Francisco Rodríguez Cruz, activista gay vinculado al Cenesex y periodista de Trabajadores.

Pero en este caso, quienes criticaban así al Cenesex no están vinculados a la oposición y pertenecen a un número creciente de voces dentro de la comunidad LGBT en Cuba que, si bien reconocen la labor de esa institución, buscan crear espacios de mayor autonomía, más allá del estado.

Estos activistas —de ideología de izquierda y compuestos en su mayoría por jóvenes provenientes de sectores intelectuales— han presionado al gobierno y al Cenesex en temas como los derechos laborales de los homosexuales o el Censo de población del 2012, al que tildaron de “homofóbico” por no contemplar las uniones de hecho entre personas del mismo sexo.

Durante la conferencia de ILGALAC, Díaz pedía ayuda a esta organización para “desarrollar una verdadera sociedad civil empoderada en estos temas” y recordó que “el Registro de Asociaciones está cerrado hace años. Nuestro colectivo [Arcoiris] existe al margen de la ley. No hay modo de recibir financiamiento porque no tenemos personalidad jurídica”.

Asimismo, Vivero señalaba en una entrevista reciente en la publicación On Cuba que “la lucha por los derechos LGBTI obliga a batallar por el ejercicio ilimitado de los derechos civiles y políticos. Las demandas de la ciudadanía LGBTI siempre serán políticas; es tiempo de asumirlas con esa connotación también en Cuba”.

Pero es esta dimensión política, la que a juicio del historiador cubano, Abel Sierra Madero, quiere manejar el Cenesex para crear “un escenario de tolerancia y diversidad controlada”. Según Sierra Madero, quien recibió el premio Casa de las Américas en el 2006 por su libro Del otro lado del espejo: la sexualidad en la construcción de la nación cubana, el campo de la sexualidad puede ser entendido como un espacio de ensayo de estrategias políticas que acompañan a la reforma de Raúl Castro.

Ya en el 2008, Frances Negrón Muntaner, profesora de la Universidad de Columbia, había advertido que el reconocimiento a los homosexuales en Cuba respondía a un “transformismo político”. Para Sierra Madero, la retórica de la diversidad sexual que sostiene el Cenesex forma parte del “travestismo de estado”, una estrategia más amplia para oxigenar el discurso oficial, “borrar la memoria histórica de la discriminación hacia los homosexuales en el período revolucionario” al tiempo que “normaliza identidades transgresoras y limita la emergencia de un genuino movimiento de derechos”.

Visto bajo un prisma histórico, la creación del Cenesex en 1989 constituyó un avance, si se toma en cuenta que a durante los años 60 y 70 se llevaron a cabo en la isla programas de supuesta “reeducación” que llevaron a campos de trabajo a miles de prostitutas y homosexuales.

La institución ha intercedido para la visibilización de una agenda LGBT en el país, aspecto que destacaron los secretarios de ILGALAC. Asimismo, en el 2008 retomó un programa de cirugías de readecuación genital para transexuales, del que se han beneficiado ya 20 personas y es costeado por el Ministerio de Salud Pública.

A la par, el centro ha realizado una labor de promoción internacional intensa y Mariela Castro ha sido invitada a múltiples conferencias y eventos fuera del país, donde ha combinado las temáticas LGBT con otros puntos centrales de la agenda política del gobierno cubano, como la crítica al embargo estadounidense.

De Jesús, quien fue uno de los fundadores del desfile del orgullo gay en Sao Paulo, dijo sentirse “sorprendido” durante su viaje a Cuba. “Creo que las personas tienen una idea un poco diferente de la vida real, muchos se han quedado con la impresión de la película Fresa y Chocolate acerca de la persecución a los gays en Cuba pero yo estuve en el Malecón donde se reúnen gays cubanos y participé en una conga contra la homofobia en las calles de La Habana”, agregó.

El Cenesex organiza desde el 2007 jornadas contra la homofobia que concluyen con una conga, un ritmo carnavalesco, que según Sierra Madero encarna “las fantasías sobre las que se han construido y asentado tradicionalmente las identidades trans”.

Pero más allá de los desfiles públicos, la comunidad LGBT tiene por delante muchos retos. Para Díaz, en términos estrictos no se puede hablar de una “comunidad con intereses y estrategias comunes y ese es un primer problema”. Según Díaz “hay que trabajar para tener varias organizaciones de la sociedad civil e investigaciones sociales sobre el tema”.

Y pone como ejemplo una pequeña encuesta a 108 homosexuales y lesbianas en La Habana que el grupo Arcoiris realizó para saber sus opiniones sobre las uniones legales y el matrimonio igualitario. El estudio halló que el 77% tiene un “alto interés” en la posibilidad de unirse legalmente a sus parejas. “Este es el tipo de información que necesitamos”, dijo.

En conversatorio en el Miami Dade College el año pasado, la transexual Wendy Iriepa abundó también sobre los problemas que enfrentan travestis y transexuales en Cuba. Iriepa denunció los problemas legales que aún tienen quienes se someten a las cirugías de readecuación genital gestionadas por el Cenesex pues todavía no pueden obtener identificaciones oficiales que reflejen su identidad de género. El tema de los documentos de identificación es importante para travestis y transexuales, quienes han sido sistemáticamente hostigados por la policía, amparados por el acápite de “peligrosidad social del sujeto” del Código Penal cubano.

Según De Jesús ningún cubano mencionó este tema en la conferencia. Quizá, como escribía en Havana Times otro participante de Arcoiris en la conferencia, “Varadero no es Cuba y está muy lejos de los individuos LGBTI de la isla. Tan lejos no se puede escuchar bien sus problemas”.

@NuevoHerald

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