El calvario de un árbitro turco por ser gay

El árbitro turco Halil Dincdag vivió un largo calvario desde que hizo pública su homosexualidad y terminó por ser excluido de la Federación de Fútbol Turca (TFF).

halildindag

El colegiado libra ahora una lucha personal en la Justicia para volver a las canchas. “Creo que ganaré. Lucharé por eso hasta el último aliento“, contó el lunes en Berlín al recibir el “Premio del Respeto” de la Alianza contra la Homofobia que le entregó Klaus Wowereit, alcalde de la capital alemana y uno de los políticos gays más famosos de Alemania.

De complexión pequeña y barba cuidada, el árbitro de 38 años lleva días viajando por Alemania y contando una historia que comenzó hace cinco años y sigue aún abierta con su juicio a la federación. Dincdag trabajó como árbitro durante más de diez años en Trebisonda, noreste de Turquía.

En 2008 tuvo que entrar en el Ejército y escuchó todo tipo de historias sobre el trato a los homosexuales. “Abusos, violaciones, incluso hubo suicidios“, cuenta. Para poder darse de baja, reveló su orientación a los médicos.

Lo sometieron a revisiones durante semanas, en parte en un hospital militar donde compartía habitación con enfermos psíquicos. Organismos de derechos humanos denunciaron ya en otras ocasiones que el Ejército turco considera la homosexualidad una distorsión mental.

Dincdag fue finalmente relevado por “distorsión psicosexual“, pero no pudo volver a dirigir porque la federación no le extendió el contrato. La razón oficial: no tenía suficiente calidad.

El colegiado presentó una apelación contra la medida, pero cuando su historia apareció en una revista deportiva comprendió que los medios no lo dejarían en paz y decidió quitar toda opción a rumores y dudas. Y anunció su homosexualidad en televisión. El paso no mejoró las cosas. Desde entonces perdió también su trabajo como comentarista de radio y envió 150 solicitudes de empleo: todas sin éxito. Perdió muchos amigos que se distanciaron de él y recibió incluso amenazas de muerte.

La situación comenzó a cambiar por fin cuando Dincdag dejó Trebisonda y se trasladó a la cosmopolita Estambul, donde comenzó a trabajar como árbitro en una liga no oficial e hizo nuevos amigos. Su familia, que no sabía de su homosexualidad, le dio todo el apoyo, también financiero. “Hasta hace cinco años tenía una montaña sobre los hombros. Luego me sentí ligero como un pájaro“, contó aliviado en Berlín.

La historia que muchos de esos gays en las sombras viven como propia tendrá un nuevo capítulo el jueves, cuando se celebre una nueva jornada en el juicio de Dincdag a la federación turca.

Con Información de @eldesmarque

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