El curandero que quita lo gay

A mitad de una calle empinada, como joroba, que se llama Fray Bartolomé de las Casas y que nace al pie del Cerro del Pueblo, en los entresijos de la colonia del mismo nombre, está el consultorio espiritual de Joaquín, un hombre que asegura, contra todo escepticismo, ser capaz de curar la homosexualidad.

Yo no me lo hubiera pensado hasta que un mediodía,  preguntando, di con una casa grande, pintada de amarillo canario, con una cochera amplia y al fondo unos arcos y un altar en el cual había puestas unas veladoras ardiendo que lloraban cera a las plantas de una Virgen de Guadalupe, un Cristo en cruz y una escultura mediana de San Judas Tadeo, “el abogado de las causas difíciles”, el “de los casos desesperados”.

Un día como aquellos llegó hasta aquí, el consultorio de Joaquín, un señor, desesperado. Dijo que ya no quería ser gay, que quería cambiar, porque tenía él esposa,  familia.

Hacía más de 40 años, (1973), que la Asociación Americana de Psiquiatría había eliminado a la homosexualidad, considerada por mucho tiempo como una conducta reprobable y una enfermedad mental “curable”, del Manuel Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.

17 años después, en 1990, la OMS hizo lo propio.

Pero el caso de aquel hombre no fue el único que Joaquín vio, es del que se acordaba, por ser el más reciente, me contó el día que nos conocimos en su consultorio espiritual.

Ya otras veces habían venido a buscarlo gentes, gays y lesbianas de todas partes, para pedirle que las ayudara, para solicita sus servicios, que les hiciera un “trabajo”.

Años atrás en un libro de crónicas de la ciudad México, se contaba la historia de un brujo de barrio que juraba curar la homosexualidad, por medio de la aplicación de electroshocks.

Quién sabe si realmente aquella terapia daría o no algún resultado, Lo cierto es que aquel curandero se había hecho de clientes muchos, mamás que iban con sus hijos gays y sus hijas lesbianas, para que las sanara con choques eléctricos.

Y era sabido, por reportajes de sensación, sobre las supuestas curas para cambiar la orientación sexual de gays y lesbianas, que realizan algunas congregaciones cristianas de Coahuila, (Cristo Vive de México y Asamblea de Dios, en Monclova), basándose en la Palabra y en la impartición de “terapias reparativas”.

Pero nunca oí hablar de Joaquín y su insólito método de curar la homosexualidad a través de  “oraciones, fetiches y velaciones”.

Con una fotografía, un pene de cera, (si es lesbiana tiene que ser una vagina), listones, alfileres y un calzón sucio que su cliente le había llevado, el curandero fabricó un fetiche, le prendió unos cirios y rezó unas oraciones que sólo él sabe decir a la Santísima Muerte.

El ritual se celebró una vez por semana, dos veces al día, durante un mes siempre a la hora en que el sol se escondía bajo el horizonte y después que el reloj marcaba las 12:00 de la noche.

Celoso guardián de sus secretos, Joaquín se resistió a contar los detalles del ceremonial.

Y sólo me dijo algo así como… que había que clavar los alfileres sobre el fetiche, toda vez que se hacía la petición del milagro, en este caso que a su cliente se le quitara lo gay, que le gustaran las mujeres, su esposa.

El ritual concluía cuando Joaquín enterraba el fetiche aquel, no en un panteón como acostumbra hacerlo la gente, sino en una maceta. Y eso era todo.

Andando los días la planta empezaba a florecer, a echar hojas. Era la señal inequívoca de que el “trabajo” iba funcionando, de que  iba dando éxito.

Cumplido el mes el hombre ya era otro y después de poner en la mano de Joaquín seis mil pesos en billetes, salió del consultorio y nunca más volvió.

Durante un recorrido por cerca de 20 consultorios espirituales, donde despechan los curanderos, sanadores y brujos de mayor renombre en la ciudad, encontré que son frecuentes las visitas de madres, y otros familiares de personas con preferencias sexuales diferentes, a estos lugares para pedir se cambie, mediante “trabajos” de sanación, la orientación sexual de sus seres queridos.

En otros consultorios me informaron que no existe hechizo ni conjuro alguno capaz de hacer que una persona, gay o lesbiana, pueda modificar su orientación sexual.

Con Información de @VanguaridaMX

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