Está bien decir gay: Papa

papa bergoglioAl convertirse en, posiblemente, el primer líder de la Iglesia Católica Romana en pronunciar públicamente la palabra “gay”, el Papa Francisco volvió a demostrar el lunes que entiende el poder de las palabras.

La historia está llena de epítetos utilizados abusivamente por algunos grupos hacia los demás; palabras que tanto han herido almas y que hoy se consideran no sólo inadecuadas, sino maliciosas y de odio. Algunos grupos han sido capaces de reivindicar las palabras de sus agresores, mientras que, para otros, la indignidad de ser llamado -de ser reducido- ineludiblemente al lenguaje peyorativo puede rectificarse sólo cuando los insultos caen, en silencio, en desuso.
Todo esto nos recuerda que el lenguaje tiene el poder para herir, así como el poder de curar.

Se ha convertido en una regla básica de cortesía nombrar a las personas con las palabras con las que desean ser llamados. Esto ha llegado a ser visto como una forma poderosa de respetar las identidades y, fundamentalmente, la dignidad de los demás. Fue esta norma que el Papa Francisco puso tranquilamente a la práctica.

Durante décadas, los documentos del Vaticano se han negado casi indefectiblemente a referirse a hombres y mujeres gay como otra cosa que no sea “personas homosexuales”. Estos documentos han condenado como pecado sus “actos homosexuales” y etiquetado su “inclinación” como un “desorden objetivo”.

Pocos hombres gay y lesbianas deciden llamarse a sí mismos “personas homosexuales”, tal vez, incluso menos, describirían sus comportamientos sexuales como “actos homosexuales”. Gran parte de la razón de esto es que en amplios sectores de la comunidad LGBT, las palabras “homosexual” y “homosexualidad” parecen tener connotaciones clínicas, patológicas. La palabra “homosexual” hizo su debut en el idioma inglés en 1892, en una traducción de una obra alemana que incluía la homosexualidad en una lista de variedades de perversiones sexuales.

Durante décadas, la homosexualidad fue estigmatizada como una forma de enfermedad mental en EU, y todavía es considerada criminal en muchas partes del mundo. Muchos hombres y mujeres gays han visto el uso de palabras como “homosexual” por parte del Vaticano como una estrategia retórica y teológica para retratar a la heterosexualidad como la norma y tratar a otras formas de la sexualidad humana como deficientes o perversas.

La rueda de prensa de este lunes en el avión papal es la segunda vez que se le ha escuchado a Francisco usar la palabra “gay” y, además, hacerlo sin la protección de las comillas. La primera fue en una reunión privada en junio con miembros de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos, donde el Papa hizo observaciones sobre la existencia de un “lobby gay”, en El Vaticano, un tema que volvió a surgir durante la conversación del lunes con los periodistas.

Pero esta vez, agregó algo fundamental: no sólo que “no se debe discriminar a las personas” que “se deben hacer sentir como en casa”, sino también, en palabras profundas que muchos católicos gays han anhelado escuchar, declaró: “Si una persona es gay y busca al Señor de buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”

Es ciertamente motivo de celebración que el líder de la Iglesia Católica Romana haya nombrado a un contingente de seres humanos con las palabras que ellos han elegido para nombrarse a sí mismos. Incluso cuando esto no se produjo en el contexto de una declaración oficial del Vaticano, los comentarios de Francisco serán bien recibidos por los católicos de EU que apoyan las leyes contra la discriminación, la adopción por parte de parejas del mismo sexo y el reconocimiento legal de la igualdad para estas parejas. No obstante, este optimismo debe tomarse con cautela: el Papa no ratificó los cambios específicos en la doctrina católica, y no hay nada en su declaración que lo comprometa a hacerlo en el futuro.

Aunque todavía queda mucho trabajo por hacer para lograr la plena igualdad de todos los ciudadanos y creyentes, Francisco llamó simple y empáticamente aquello que antes se consideraba innombrable.

Patrick Hornbeck enseña teología en la Universidad de Fordham.

@eleconomista

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