Jade, migrante homosexual

El asfalto le parece eterno. Jade se ha quitado los tenis converse de estrellitas que le regalaron en la casa del Migrante de San Luis Potosí. “Ya no aguanto los pies, lo que tiene uno que aguantar para hacer dinero” murmura. El aire está fresco, se aferra a una palestina que lleva en el pecho.

jade
Es centroamericana, es transexual y es migrante. “Imagínate, que cruz me ha tocado cargar” dice entre risas. Aunque ha sido testigo de cómo los delincuentes lanzaron a una mujer embarazada del tren La Bestia y ha tenido que soportar horas sobre los vagones, su sueño es Houston y ganar dólares para vivir bien.

Jade dejó Guatemala por dos razones, la pobreza y la discriminación. Su familia, es humilde, “como todos allá” y tuvo que emplearse como mesera. Desde que tiene uso de razón se asumió como homosexual, luego decidió dejarse el cabello largo y buscar un aspecto de mujer.

Se auto exilió por la homofobia que arraiga la discriminación y la violencia contra las personas con otra preferencia sexual. “De las personas como nosotros muchas no tiene opción más que la prostitución, hay mucha pobreza y muy poco trabajo”.

“Es muy difícil que te acepten en países machistas, en Guatemala y además conozco hondureños que son los más llevados, no respetan los hijos de puta, sufren mucho los que son como yo, los que son hombre y mujer, por eso uno busca más oportunidades en Estados Unidos”.

A sus 28 años, se integró a la Caravana Migrante que recorrió las calles de Saltillo, exigiendo el respeto a los derechos humanos y el libre tránsito por territorio coahuilense, luego de que no pudieran abordar el tren en Chiapas.

Más de 700 migrantes, entre ellos hombres, mujeres y niños, estuvieron acompañados de 14 centroamericanos que pertenecen a la comunidad de la diversidad sexual. El contingente de migrantes centroamericanos fue acompañado por el obispo de Saltillo Raúl Vera López y el padre Pedro Pantoja.

“Nosotros damos gracias a Dios porque hay sacerdotes que nos protegen, yo quise estar en la caravana porque es más seguro, a mi me ha tocado ver muchas cosas horribles, la pobreza es un viacrucis que tiene muchos peligros”.

Trayecto difícil
Nariz pequeña, piel morena, barba partida. Cabello a los hombros, ojos sin maquillar y una barba que recién sale. Así camina Jade en su travesía hacia los Estados Unidos. Es la segunda vez que lo intenta, no piensa rendirse.

Aunque escuchó historias como la de un par de hondureños a los que poco les duró la ilusión de llegar a Estados Unidos, porque suplicaron a agentes del grupo Beta, del Instituto Nacional de Migración, su repatriación voluntaria, por el miedo a caer en manos del crimen organizado, ella siguió.

“Vos no querés saber todo lo que he visto, ya ni las lágrimas me salen, llegas a un momento en que te quedas paralizada, pero sigues, porque el plan es para los estados unidos” dice seria y después se acomoda el par de aretes que la acompaña desde Guatemala.

A mediados de 2013 subió a un autobús con una amiga. Llegaron a Tenosique, en Tabasco al albergue de La 72. A su compañera le dolía el estómago y no le quedó más que prolongar su estancia en la zona mexicana. “Yo le dije que le seguía, me dijo que estaba bien y pues esperé al tren”.

El plan era subir a “La Bestia” en el tramo Tabasco, Chiapas y Veracruz. Así siguió, pero la violencia de la que fue víctima por resistirse a pagar la “cuota” a un comando armado que controla esa región, debió correr y correr, sin parar.

“Cuando el tren pasa por los túneles, debes ir agachada, se siente horrible, ay, es horrible, pero yo pensaba en otra cosa, ya ni me acuerdo en qué. Luego uno gritó que ahí estaban, no entendíamos, se arma el griterío, eran ellos, los malditos”.

Jade no olvida cuando vio que un hombre hondureño, con el que había salido del albergue recibió balazos en el tórax por no haber pagado mil pesos mexicanos a la delincuencia. “Yo creo que murió, o vivirá… ¿Quién sabe? Si los migrantes para muchos somos invisibles”.

La tigresa
“Tigresa, ven aquí mi tigresa” le gritan un par de hombres a Jade. Ella se ríe, en su paso por Saltillo, la Caravana Migrante se manifestó en la Plaza de Armas, frente al Palacio de Gobierno. Cerca de 700 centroamericanos caminaron desde el libramiento José López Portillo, al oriente de Saltillo, hasta el Centro Histórico.

En el trayecto recibió piropos y albures. Pero asegura que ya está acostumbrada. “No respetan, creen que todas las mujeres queremos algo físico, los hombres no dejan de pensar en eso. Pero no se dan cuenta que entre mal se porten menos los van a querer”.

Su aspecto, rudo y femenino a la vez le ha provocado los insultos de hombres, y a veces de mujeres. En Guatemala su familia la acepta tal y como es, pero hubo una ocasión en que fue agredida por un hombre por su condición.

“Salimos porque queremos trabajar, porque necesitamos oportunidades, pero también por la discriminación, porque la gente es muy cerrada, no nos ven con derechos como seres humanos, ser pobre y ser como yo es doble trabajo” dice y suelta una carcajada.

Los migrantes que son homosexuales, son perseguidos por su preferencia. A Jade le daba miedo que en su travesía cayera presa de delincuentes y la violaran. Pensó en regresar, pero al recordar en que en su casa falta el dinero, decidió subir al tren.

En la región, en 2012 el registro de migrantes homosexuales apenas alcanzaba dos o tres, pero en 2013, por lo menos se presentaron 50 casos en seis meses, según datos de la Casa del Migrante de Saltillo debido a las condiciones sociales en las que viven en las comunidades de Guatemala, Honduras y El Salvador.

Piensa trabajar en cualquier empleo. Busca un refugio en Estados Unidos, porque asegura que la gente es más abierta y respetuosa. Teme el constante peligro al que la comunidad gay se enfrenta en México, al ser blanco de la trata sexual o de otros delitos.

La mayoría de esta población, opina Jade, a diferencia del resto de los migrantes, no buscan el sueño americano, sino que huyen de sus países porque son criminalizados por sus preferencias sexuales.

@PeriodicoZocalo

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