¿México gay?

¿Presidirá Miguel Ángel Mancera la marcha del orgullo gay de junio próximo? Lo sabremos en su momento.

El Día Nacional de Lucha contra la Homofobia por decreto presidencial nos hace un país con derechos humanos, sin excepción. Pero civilidad por decreto no necesariamente será eficaz sin programas concretos. Hay que sensibilizar con la historia de los crímenes de odio para conocer lo lejos que estamos de una ética intachable donde los mexicanos respetamos las diferencias sexuales, sin prejuicio.

Está más que documentado: Desde Fray Bernardino de Sahagún —que empleó el término de “pecado nefando” en sus libros—, hasta Salvador Novo y Carlos Monsiváis, en sus crónicas. En Tenochtitlán los perseguían hasta terminar apedreados y muertos. Nezahualcóyotl decretó que “si se averiguase ser algún somético, muriese por ello”: les sacaban el intestino por el ano. O terminaban quemados por la Inquisición. Nada cambió en  el siglo XX, cuando se  empezó a leer que ser homosexual no era una enfermedad. Los crímenes de odio siguen allí, contabilizados, sobre todo desde que los movimientos gays luchan por el respeto a sus derechos.

No es un asunto exclusivo de esta nación: en Alemania, con Hitler, se consideraba una actividad criminal ser homosexual: se persiguió a 100 mil personas por ese delito. 15 mil llegaron a los campos de concentración, de los que murieron más de la mitad. Estaban marcados con la Estrella de David, de color rosa —si no eran judíos. Los gays judíos llevaban la estrella partida en amarillo y rosa. Hoy, todos tienen un monumento a su memoria, en Israel.  Hoy, Rusia— como sabemos por las noticias—, el presidente Putin persigue a los homosexuales e incita a la sociedad a la homofobia. En algunos países de África y el mundo musulmán se castiga ser gay con la muerte, a nivel oficial.

Campañas permanentes —junto a decretos contra la homofobia—, urgen en el mundo occidental que se dice civilizado. Los gays siguen siendo discriminados, golpeados, aniquilados, desaparecidos. Es loable el decreto del presidente Enrique Peña Nieto. Ahora hay que concientizar al ejército y la policía, a la ciudadanía en general y a los religiosos de cualquier Iglesia, a fin de que respeten la libertad sexual del cuerpo humano. Solo así podrá ser alegre y certero el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia: No basta un día sin conciencia eterna.

@Braulio_Peralta

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